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Chapter 12

¿Quién es Realmente Evelyn Mora?

Capítulo 12: ¿Quién es Realmente Evelyn Mora?

El temblor se extendió como un latido que se colaba bajo la piel, infiltrando cada fibra del suelo y la carne. Alejandro sintió que el aire se comprimía, que sus pulmones apretaban sin remedio. Su mirada, todavía clavada en la puerta que se cerraba tras él, buscaba respuestas en la penumbra. Pero no había nada, solo la sombra densa de la incertidumbre que se pegaba a sus hombros.

Respiró hondo, intentando atrapar ese aliento que se escapaba entre sus dedos, pero su cuerpo siguió tenso. Como si el suceso, invisible e intangible, hubiera dejado un rastro gélido quemando en su interior.

—No puedo… no puedo permitirme dudas —murmuró, rozando la pared con la palma sudorosa.

Entonces, el sutil clic de la puerta al abrirse volvió a quebrar el silencio.

Apareció Evelyn.

No venía con el brillo acerado de la amenaza directa, sino con una calma tan abrumadora que parecía absorber la luz a su alrededor. Sus ojos, esas pozas oscuras, no reflejaban miedo ni ira, sino una mezcla extraña de resignación y determinación.

—¿No es inquietante? —dijo, su voz rasposa al acariciar la quietud—. Que un hombre pueda temerle más a lo que no ve que a lo que sí está frente a él.

Alejandro mostró los puños en un gesto involuntario de defensa.

—No vine a jugar contigo, Evelyn.

Ella dio un paso al frente, y el aire se espesó, cargado con un perfume metálico, agridulce y antiguo, como el acero que se oxida pero nunca muere.

—He visto demasiado, Alejandro. Desde antes de que tú existieras, he estado tejiendo esta red. —Sus dedos tocaron la mesa, dejando caer unas cuantas partículas de polvo que parecían ecos de otra época—. No soy la villana de tu historia. Ni el monstruo que quieres destruir.

El joven frunció el ceño.

—¿Entonces qué eres? ¿Una heroína en la sombra?

Evelyn soltó una risita amarga.

—Ni una ni otra. Soy el producto del sistema que crees que puedes vencer. La que sufrió sus grietas más profundas —y su voz cedió un tono quebrado, como un suspiro atrapado—. Mi historia empieza en un hospital olvidado, donde nadie miraba a la niña con ojos de esperanza.

Sus manos temblaron apenas, apretándose contra la madera del escritorio.

—Me llamaban “la huérfana del olvido”.

Alejandro tragó saliva, sintiendo la grieta entre ellos resonar con un eco desconocido. La figura austera y fría, ahora mostraba fracturas.

—Evelyn… —susurró con cautela.

—Mi madre murió durante el colapso del portal inicial—continuó ella—. Yo… yo cargué con la culpa de su muerte porque no pude protegerla. El sistema nos usó —la voz se volvió un hilo—, nos pisoteó, nos dejó morir en las sombras para luego celebrar su “progreso” sin nombres ni rostros. Me juré venganza, Alejandro. No por odio, sino para arrancar ese poder que nadie debería tener.

Alejandro la observaba, reconociendo la sombra de alguien que no había elegido su destino.

—¿Eso explica el porqué de todo? ¿Por qué tratas de aplastar a quienes descubren el sistema?

—Porque el sistema es una bestia. Si crece, devora todo —explicó, sus pupilas brillando con un fuego helado—.

De pronto, la expresión de Evelyn cambió. Se apartó un mechón de cabello, y sus ojos se tornaron más duros.

—Pero no todo es destrucción. Hay algo— dijo en un susurro casi inaudible—. Algo que debo proteger con uñas y dientes. Algo valioso que nadie imagina. Y para eso, no me queda otra que mantener el equilibrio… incluso si eso significa convertir a quienes se acercan en cenizas.

Alejandro parpadeó, su mente dando vueltas en busca de la verdad oculta.

—¿Qué puedes proteger que valga más que una vida? —preguntó, casi sin aliento.

Ella sonrió, un gesto frío, cargado de un secreto insondable.

—Un poder que podría salvar todo este mundo... o destruirlo.

Un ruido seco irrumpió. En la ventana, los destellos rojizos del portal se mostraban con furia, una tormenta al borde de desatarse.

Alejandro sintió el pulso acelerarse. Se acercó a Evelyn, la distancia entre ambos se acortó, pero la tensión se multiplicó.

—¿Entonces planeas controlar ese poder, no?

—No, Alejandro —respondió con una calma que parecía un filo invisible—. Planeo protegerlo, aunque eso me convierta en lo que tú ya temes: tu peor enemigo.

Un golpe seco resonó en la puerta.

Ambos se giraron. Las sombras del pasillo se movían, y la amenaza que escapaba de la escena sin nombre ya estaba más cerca.

Evelyn dio un paso atrás y, casi imperceptible, dejó caer una pequeña caja metálica sobre la mesa.

—Esto es la clave —murmuró—. Lo que yo protejo. Lo que tú debes entender si quieres sobrevivir.

Alejandro la miró con ojos dilatados, sintiendo que no todo en ella era enemigo.

La puerta se volvió a abrir de golpe.

Una figura encapuchada apareció, y en sus manos, el destello frío de un arma.

Pero antes de que pudiera dar un paso, la voz de Evelyn resonó como un disparo directo al corazón.

—¡Cuidado! No todo está a salvo, Alejandro, y el verdadero peligro está mucho más cerca de lo que imaginas.

Un silencio mortal colapsó la habitación, el tiempo se detuvo en un instante.

Y entonces... la figura encapuchada alzó la cabeza, revelando unos ojos que Alejandro pensó que nunca volvería a ver.

Pero sigue siendo demasiado pronto para saber qué significaba esa mirada.

Porque justo cuando la tensión tocaba su punto más alto, la luz se apagó.

Y en la oscuridad, solo quedó el eco de la última verdad que Evelyn pronunció:

—No quiero destruir el mundo.

Quiero salvarlo.

———

Continuará…