NoveliqaAscenso Prohibido: El Sistema Oculto de Poder / El Precio de Subir de Nivel :0%
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Chapter 11

El Precio de Subir de Nivel

Capítulo 11: El Precio de Subir de Nivel

El frío nocturno había quedado atrás, pero el cuerpo de Alejandro ardía con una intensidad desconocida. Apenas unos minutos después de haber salido de aquel callejón empedrado, donde la sombra de Evelyn amenazaba con engullirlo, sintió como si cientos de agujas invisibles le rasgaran la piel desde dentro.

Cada latido era una punzada aguda, un recordatorio brutal del precio invisible que pagaba por dominar aquel sistema oculto que ahora palpitaba dentro de él.

El aire a su alrededor parecía más denso, casi viscoso, como si el mundo hubiera engullido un silencio previo al caos. Sus dedos temblaban, no solo por el cansancio, sino por un calor que le quemaba bajo la epidermis, extendiéndose en oleadas explosivas que le drenaban la energía.

"Esto es nuevo... no debería doler tanto", murmuró con la voz rota, apretando los puños para no caer al suelo.

Sus piernas se negaban a sostenerlo con la firmeza necesaria. Cada milímetro de su cuerpo se rebelaba contra la fragilidad que sentía, enemistándose con aquella juventud que había soñado dominar la ciudad, cambiar su destino.

Pero el sistema, esa voz interior que había escuchado desde su primer ascenso, no se detenía.

—Nivel 7 desbloqueado —susurró la voz calma, pero afilada como acero en su mente.

Alejandro exhaló con dificultad, sintiendo que su vista titilaba con destellos de luz blanca. Las paredes cercanas se difuminaban, distorsionándose como un mal sueño. Pero estaba consciente. Muy consciente de que si cedía, Evelyn no solo lo atraparía —lo destruiría.

Sin embargo, el dolor parecía menos mortal que la verdad detrás de su transformación.

Con esfuerzo, se cubrió la mitad del rostro húmedo de sudor, observando cómo sus venas se marcaban con tonos violáceos bajo la piel pálida. No eran normales. No podía ser casualidad ni sólo efecto del cansancio.

Confundido y con la respiración entrecortada, se permitió un breve instante para analizar.

Una sombra se deslizó por un muro cercano. La mirada de Alejandro se agudizó hasta casi perforar la oscuridad.

—¿Rival? —pensó, apretando los dientes y preparándose para el combate.

Pero no. Fue una figura pequeña, casi invisible, que se detuvo para observarlo. Era una mujer de rostro cubierto, envuelta en una gabardina negra que parecía absorber la luz.

De la nada, una voz franca interrumpió la tensión casi palpable.

—Demasiados ascensos en tan poco tiempo... el cuerpo es un templo que el sistema no ignora —dijo, con un tono seco, casi maternal.

Alejandro dio un salto atrás, desconfiado, mientras escudriñaba a quien se atrevía a acercarse en este momento crítico.

—¿Quién eres? —preguntó, la voz cavernosa, temblorosa pero firme.

La mujer levantó la capucha como si evaluara responder o no. Cuando lo hizo, sus ojos brillaron con el cansancio de muchos secretos y una determinación aún mayor.

—Mi nombre no importa. Soy alguien que entiende lo que te sucede. —Se acercó con pasos medidos—. Cada nivel que alcanzas le arranca algo a tu cuerpo, Alejandro. A veces es la fuerza, a veces la cordura. ¿Sabes qué será la próxima vez?

A estas palabras, Alejandro sintió un sudor frío recorrer su nuca. Aquella predicción no era una amenaza vacía, sino el eco de la brutal realidad que hasta ahora no había querido enfrentar.

—¿Y si dejo de subir de nivel? ¿No puedo seguir? —preguntó con desesperación contenida, hundiendo las manos en los bolsillos como intentando aferrar un soporte invisible.

La mujer negó con la cabeza.

—No. El sistema no es un juego, ni una herramienta que puedas poner en pausa. Está vivo contigo. Y si intentas detenerte, te castigará. Te arrebatará lo que más valoras.

Alejandro sintió una punzada en el pecho, como si algo dentro de él se quebrara en pequeños cristales.

—¿Por qué tú sabes todo esto? —lanzó, desconfiado.

Ella soltó una pequeña risa amarga.

—¿Creías que Evelyn era la única conocedora del sistema? —respondió con un dejo venenoso—. Somos muchas las piezas en este tablero, Alejandro. Pero cuidado: no todos quieren que llegues a la cima.

Un silencio espeso llenó la esquina donde se encontraban.

Alejandro, mareado, buscó apoyo en una pared cercana. La mente le daba vueltas a mil preguntas sin respuesta, y el dolor, implacable, apretaba sus costillas como una garra de hierro.

—Me estás diciendo que este poder es una maldición —musitó, con la voz al borde de romperse.

La mujer asintió.

—Nunca te he mentido. Por eso vine a advertirte: cada nuevo nivel te despoja un poco más de ti mismo. De tu humanidad. Debajo del brillo y las luces está el olvido. El precio que debes pagar.

Antes de que Alejandro pudiera replicar, un estremecimiento interno le sacudió por completo. Cerró los ojos con fuerza mientras la presión al interior de su pecho se expandía como una explosión contenida, clavándole una dentellada de fuego.

Los pulmones comprimidos, la cabeza girando, la piel electrificada.

"¿Qué es esto? ¿Es el sistema castigándome... o algo peor?"

Su mente luchaba por mantenerse en pie, el pulso errático parecía un tambor de guerra.

—¡No puedo...! —jadeó, tambaleándose.

La mujer se acercó un poco más, con una expresión que mezclaba piedad y algo de ironía cruel—. Eso que sientes es solo el inicio —advirtió—. No estás preparado para la verdad que hay más allá del nivel 7.

En ese momento, justo cuando Alejandro pensó que no podría soportar más, un dolor agudo y concentrado se apoderó de su lado izquierdo, desde la costilla hasta la cadera, como si un puño invisible apretara, apretara... y no soltara jamás.

Se desplomó, presa de un espasmo tan violento que un gemido profundo escapó de sus labios.

La mujer apenas atinó a sostenerlo para que no se hundiera en el suelo.

—¿Qué... qué me pasa? —preguntó con la voz entrecortada.

Ella clavó sus ojos en los de él, intensos y sin una pizca de consuelo.

—Un dolor así solo puede significar una cosa: tu cuerpo está expulsando algo que el sistema no quiere que tengas.

Alejandro aterrizó en el suelo, jadearon sus pulmones como si estuvieran al borde del colapso.

La oscuridad empezó a cerrar el mundo alrededor. El sonido se distorsionó, y la figura frente a él viró un instante para desaparecer con un susurro roto.

Pero antes de que se desvaneciera, Alejandro captó una sola palabra más:

—Corre…

El temblor apenas le permitió incorporarse, pero algo potente dentro de él se activó, alerta, vigilante.

Un temor ancestral, desconocido y terrible, había despertado.

Y el dolor era solo la primera señal.

Detrás del velo de aquella metrópolis tecnológica y monstruosa, algo mayor, más oscuro, se movía. Y hoy, Alejandro sabía que estaba mucho más cerca de él que nunca.

Su puño cerrado golpeó el suelo con un choque seco.

—No... no voy a caer ahora —susurró con un hilo de voz.

Pero en el silencio denso de la noche, un temblor sordo empezó a resonar, una amenaza hecha de ecos invisibles.

Algo estaba llegando.

Y esta vez, no se trataba solo de Evelyn.

———

Continuará…