Chapter 10
Capítulo 10 Secretos en el corazón de la organización
El eco de aquella voz retumbó aún en sus oídos cuando el frío del pasillo lo envolvió, cortando con claridad la densidad de la declaración. Alejandro se quedó inmóvil por un instante, el corazón martillando tras su pecho como un tambor de guerra. Frente a él, la penumbra parecía tragarse el brillo del neón, y tras ese leve resuello, solo el silencio expectante.
Respiró hondo, sintiendo cómo el aire helado rasgaba su garganta seca. Su mano se aferraba con fuerza al borde del banco metálico del estacionamiento subterráneo. El mundo se mantenía suspendido a su alrededor, pero él sabía que no podía detenerse.
El sistema, esa enigmática fuerza latente que había comenzado a crecer en su interior, no dejaría que lo hiciera.
La entrada a la organización no oficial estaba frente a él: un portón oculto tras un muro falso, apenas perceptible a simple vista, resguardado por un escáner retinal cuyo brillo azul deseó deshabitar para nunca más volver. Pero ya había llegado demasiado lejos para retroceder.
Alejandro colocó la palma sobre la superficie táctil, recordando el código que había descifrado con ayuda de Lucía —otra pieza clave en su oscuro tablero— y con una tensión que casi le quemaba la piel, presionó.
Un clic metálico profundo se hizo eco en sus oídos. La puerta se deslizó sin ruido hacia un lado, revelando pasillos impecables y relucientes, cargados de un olor a ozono y metal pulido que helaba la sangre en las venas. Allí dentro, el corazón del poder se ocultaba bajo un entramado digital y humano, y él estaba más dentro que nunca.
Avanzó con paso firme, pero cada sombra parecía observarlo, cada soplo de aire podía encapsular un secreto mortal.
Los monitores proyectaban datos, rostros fluyendo en pantallas, y hombres con traje táctico que pasaban junto a él sin mirarlo. Alejandro mantuvo la cabeza baja y los ojos despejados, consciente de que cada segundo contaba y que la distancia a su objetivo se estrechaba.
—¿Qué demonios hace un pardillo como tú en esta zona restringida? —una voz a su lado lo sobresaltó.
Se giró con rapidez. Un guardia corpulento lo encaraba, cejas fruncidas y mano rozando el arma en su cadera. La piel de Alejandro se erizó.
—Solo... estaba buscando el baño —respondió, esforzándose en no perder la compostura, pintando una inocencia que sabía que no tenía.
El guardia lo miró fijo, sospechando, pero antes de que dijera algo más, un estruendo lejano retumbó, como un eco sordo de caos contenido. El hombre negó con la cabeza y se alejó, dejando a Alejandro temblando por dentro.
Siguió desplazándose, mordiendo la lengua para no dejar que el miedo le arruinara la misión.
Horas parecieron una eternidad, hasta que apareció la sala reservada para custodia documental, protegida bajo llave magnética y códigos biométricos. Alejandro sabía que allí podía estar la clave, que la verdad aguardaba oculta entre archivadores y pantallas apagadas.
Eligió una terminal inactiva, y cuando apoyó la mano en el sensor, el sistema latente en su interior respondió. Una descarga de energía pulsó desde su palma hasta el nervio central, llamando al sistema para que descifrara.
La luz verde parpadeó y en la pantalla surgió un menú oscuro con múltiples carpetas cifradas.
Las pestañas se abrieron como portales al infierno: información sobre portales, contratos oscuros, alianzas siniestras... y, lo más importante, un archivo titulado "MORA_EV".
El aliento se le cortó. La pantalla mostró un perfil: Evelyn Mora. La Evelyn que él creía una sombra intocable, la arquitecta del poder opresor con quien había topado mil veces en sus apuestas clandestinas, aquella enigmática figura que jamás parecía mostrar una fisura.
Pero en ese momento, las palabras resonaron con fuerza: “Ex-miembro traicionada”.
El cursor tembló y con un dedo casi tembloroso, Alejandro profundizó en los datos.
Aparecieron registros de reuniones secretas, correos electrónicos encriptados y sobre todo, testimonios que hablaban de una traición, de una caída auspiciada que había terminado con Evelyn expulsada y perseguida por la misma organización que ahora dominaba.
Una frase resaltaba en rojo, como un grito congelado en el tiempo: “El equilibrio debe mantenerse; las traiciones deben desaparecer.”
La rabia y la confusión se enredaron en su pecho. ¿Qué había pasado realmente? ¿Evelyn era la víctima o la verduga? ¿Por qué la organización la había caído con tanta saña? Y aún más angustiante: ¿qué parte había jugado ella en su propio encierro?
Un ruido sutil, como un deslizamiento metálico, hizo que Alejandro se girara con brutal rapidez hacia la puerta. Su pulso se aceleró, el sistema vibrando en alerta roja.
—¿Quién anda ahí? —más que una pregunta era una amenaza.
Pero el pasillo quedó vacío. Instintivamente, apagó la pantalla y cerró la terminal, mientras el eco de pasos frenéticos como los suyos se alejaban en la distancia.
Sabía que el tiempo para descubrir la verdad se estaba agotando.
Un sudor frío le recorrería la espalda mientras su mente intentaba darle sentido a todo.
En ese instante, una luz tintineó al otro lado del pasillo; alguien había activado la alarma silenciosa.
Alejandro comprendió: no estaba solo. Y esta vez, el juego de ascenso prohibido lo había llevado a lugares donde las reglas eran mortales.
El sistema vibró en su muñeca, proyectando una cuenta regresiva que apenas comenzaba.
Con el ritmo frenético del peligro en aumento, Alejandro corrió hacia la penumbra, sabiendo que detrás de cada sombra podría esperar Evelyn... o su propia caída definitiva.
—Esto solo acaba de empezar.
———
Continuará…