NoveliqaAscenso del Exiliado: Sistema de Poder Oculto / El Primer Ascenso :0%
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Chapter 9

El Primer Ascenso

Capítulo 9 El Primer Ascenso

Elian sintió que sus músculos vibraban con una energía contenida, una corriente sutil que atravesaba su piel como un hálito eléctrico. El puño cerrado empezó a soltar la tensión lentamente, pero dentro suyo algo rompía la calma aparente. La pantalla desvanecida aún brillaba en su mente, el eco del secreto filtrado le carcomía como ácido en las entrañas.

Sus ojos escudriñaron la habitación lúgubre, inundada por la luz neón que se colaba desde las vitrinas del edificio contiguo. Afuera, la ciudad murmuraba en su idioma propio: sirenas lejanas, motores de drones zumbando entre las torres, voces apagadas y pasos apresurados. Dentro de ese refugio momentáneo, solo quedaba la sombra densa de su decisión.

—No es solo una conspiración —murmuró para sí, la voz ronca, casi quebrada—. Es una guerra de sombras.

El sistema oculto pulsaba dentro de él, una presencia latente dispuesta a liberarlo, a transformarlo. Pero antes, debía enfrentar la prueba que ahora el mismo sistema imponía como un rito silencioso. Elan sabía que no sería fácil.

Sacó el dispositivo que le comunicaba con el “núcleo” del sistema. La interfaz flotó en el aire, transparente y minimalista. En medio, un solo mensaje: “Prueba de dominio: Supera el límite de resistencia física, 7 minutos. Al finalizar, se concederá la primera mejora.”

El deseo de avanzar era una llama indómita en su pecho. Apretó los labios y se levantó, impulsado por la determinación.

Las gotas de sudor rozaron su frente en segundos, mientras comenzaba los ejercicios improvisados: una mezcla de puñetazos al aire, desplazamientos rápidos, saltos en cuclillas y correr en su lugar. Cada movimiento medido y calculado, cada respiración profunda pero acelerada. La tensión en sus músculos crecía como una tormenta interna. No solo era su cuerpo; ese sistema oculto mantenía un diálogo inaudible, evaluaba cada pulso, cada latido.

El tiempo perdió sentido. Siete minutos estirados como una eternidad. Era como si el aire mismo se espesara, un peso invisible presionando sobre su pecho. La fatiga se convirtió en ardor, y el ardor en una llama feroz que reclamaba más poder, más control.

Sus ojos se entrecerraron, concluyendo el conteo mental. El sistema reaccionó sin anuncio previo, una voz sintética emergiendo en su mente:

—Prueba completada. Evaluación: resistencia superada en un 112%. —Iniciando secuencia de ascenso.

Un calor inusual invadió sus venas. Elian sintió como si una corriente magnética traspasara sus músculos, protegiéndolos, fortaleciendo cada fibra, imbuyéndolos de una fuerza nueva y desconocida.

No pudo evitar una mueca mezcla de dolor y éxtasis cuando sintió que su visión se expandía, casi como si los límites del mundo se desdibujaran. Pero entonces, antes de que el proceso concluyera, surgió una interrupción que lo dejó congelado.

—Condición oculta detectada: “Hasta la integración completa, el usuario sufrirá episodios intermitentes de destabilización emocional y aumento del riesgo de auto sabotaje.”

Elian dio un paso atrás; un escalofrío frío se enroscó en su espina dorsal. ¿Qué significaba aquello? La voz no ofreció más información y el sistema volvió a silenciarse, dejando una sombra de inquietud suspendida en el aire.

Sus dedos temblaron ligeramente. El ascenso que tanto había anhelado contenía un precio no revelado. Y en ese instante, más allá del umbral de la habitación, un sonido leve, un golpe sutil contra la puerta resonó con fuerza inesperada.

La tensión explotó en su pecho. Una amenaza invisible, otro juego en la partida de sombras.

Elian se giró con rapidez, los sentidos agudizados. Sus labios se tensaron mientras una mezcla de curiosidad, alarma y determinación atravesaban sus venas.

—¿Quién es? —su voz retumbó, firme pero impregnada de cautela.

El silencio respondió. Solo la luz vacilante bailaba contra las paredes. Pero tras la puerta, Elian sabía que el verdadero desafío apenas comenzaba.

Y el sistema, con su promesa y su amenaza, había abierto la puerta hacia un ascenso sombrío.

Un ascenso que podría elevarlo… o destruirlo desde adentro.