NoveliqaAscenso del Exiliado: Sistema de Poder Oculto / Aliado o Traidor :0%
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Chapter 8

Aliado o Traidor

Capítulo 8 Aliado o Traidor

El gabinete de cuero desgastado olía a sudor frío y tinta quemada. Elian deslizó sus dedos por el respaldo mientras la respiración le temblaba, todavía anclada en el peso insoportable de la última confrontación. El eco de disparos y gritos parecía grabado en su piel, clavado en la memoria como un tatuaje de angustia. La ciudad no perdonaba; la metrópolis ronroneaba, oscura y paciente, siempre lista para devorar a los que eran tan insensatos como para desafiarla.

Una luz de neón trémula se colaba a través de la ventana rota, dibujando sombras alargadas en el suelo, fracturando el silencio opresivo. Sus ojos recorrieron distraídos los restos de municiones en la mesa metálica, cuando el móvil vibró con un zumbido cortante.

—¿Qué tienes? —dijo con la voz áspera, sin alzar la vista. Sabía que era Liora antes de que la pantalla mostrara su rostro: ojos afilados, línea de mandíbula tensa, la cicatriz en su mejilla –una marca antigua con olor a lealtad quebrada–.

—Elian... Necesito que vengas al distrito 16. Hay algo—. Su voz bajó, oscura, urgente. —¿Qué tipo de algo? —la interrumpió, sintiendo la punzada incómoda en el pecho, esa intuición gutural que le alertaba.

Un silencio cargado de estática. —No puedo explicarlo por móvil. Es mejor que lo veas tú mismo.

Colgó sin más. El teléfono quedó muerto en la mesa, como si se agotara de la tensión contenida.

Elian se levantó despacio, el dolor en la pierna izquierda se lo recordó. Cargar con heridas externas era un efímero sacrificio; lo que quemaba por dentro era la sospecha que había comenzado a enraizarse. Alguien cerca, alguien que había estado allí desde la primera chispa de su exilio, podía no ser lo que parecía.

Pensó en Kael.

El escorpión gris, su hermano de hierro, compañero de batallas y confidencias sordas. Desde que cruzaron las puertas de aquel siniestro laboratorio desaparecido en los Escombros del Submundo, Kael había sido el escudo que a veces Elian olvidaba poseer. Pero últimamente, las conversaciones se cortaban, las miradas se esquivaban. Un murmullo de movimientos extraños, un retazo de señal interceptada en la red, todo apuntaba a que Kael podría estar jugando un juego doble.

La idea lo estrujó con violencia. Traición. La palabra le golpeó la garganta como un puñal helado. Ese nivel de deslealtad podría costarle la vida, o peor: podría destruirlo desde adentro.

Arrastró la pierna con determinación, el silencio era un enemigo más en la ciudad que respiraba tensión.

Cuando llegó al distrito 16, el panorama estaba saturado de neones rojizos y drones patrullando el cielo cerrado. Lugar de corredores ilegales y de secretos que nadie quiere que salgan a la luz.

Liora lo esperaba en el pasillo principal. Su expresión era un cóctel imposible de preocupación, miedo y resolución que desgarraban el aire entre ellos.

—Encontré esto —murmuró, extendiéndole una pequeña memoria externa.

Elian la tomó con manos que ya no temblaban. La conectó a su visor ocular; la interfaz abrió una secuencia de grabaciones. La primera mostraba a Kael reuniéndose con un emissario desconocido en una callejuela sombría. Voces susurrantes, intercambios rápidos de datos y códigos. Elian tragó en seco. Los movimientos eran demasiado coordinados, demasiado calculados para ser circunstancias ordinarias.

—¿Qué demonios está haciendo? —preguntó sin poder disimular el temblor en la voz. —No lo sé. Pero no me gusta ni un poco.

Un pitido resonó de repente. La información no sólo contenía reuniones. También había mensajes cifrados entre Kael y la Orden Negra, referencias explícitas a “la fase final” y “neutralizar a Draven”.

Liora y Elian se encararon sin palabras.

—¿Cómo podía estar tan ciego? —susurró Elian entonces, con la mandíbula apretada, como si masticares rabia en lugar de aire.

Pero mientras la realidad se hacía cruelmente evidente, un detalle súbito apareció en los registros. En una imagen, Kael sostenía algo más que documentos: un dispositivo con la marca oscura del Sistema Oculto.

—¿Lo ves? —dijo Elian, señalando la pantalla— Esto no tiene sentido. ¿Por qué evidentemente estaría entregando datos a la Orden Negra, sí, pero con información incompatible? Parece que también está protegiendo algo. ¿Podría ser un juego doble de verdad? ¿O simplemente alguien más está manipulando esto para hacernos caer?

Liora frunció el ceño, consciente de que esa distancia entre confianza y sospecha estaba a punto de convertirse en un abismo.

De la nada, su comunicación parpadeó y Elian recibió un mensaje anónimo, una amenaza implícita y una imagen fija que congeló su alma: una noche fácil, pero en primer plano, una figura encapuchada sosteniendo el diario personal de Kael con su nombre grabado. Bajo él, las palabras: “Sabemos quién es tu verdadero enemigo”.

Elian se quedó paralizado, la piel se le erizó, la neblina mental se espesó.

¿Aliado o traidor?

Un golpe seco en la puerta interrumpió el momento.

El guerrero exiliado se giró lentamente.

La sombra que se deslizó tras la puerta no era la de Kael. Pero la verdad que traía consigo podía desbaratar todo lo que creía seguro.

Elian apretó los puños. Sabía que apenas comenzaba a caminar en el filo de esta nueva tormenta.

El otro lado del cristal estaba a punto de estallar.

Silencio.

Y un clic.

—¿Quién está ahí? —su voz cortó el aire como una hoja afilada.

Nadie respondió.

Sólo una cámara deslizándose por el borde de la puerta, capturando la intrépida mirada de Elian... y algo más.

Un segundo mensaje llegó, directamente a su visor ocular. Tres palabras rompieron el silencio aún más:

“Te observamos siempre.”

El corazón de Elian golpeó con furia.

El juego estaba lejos de terminar.

Y en esta metrópolis que no dormía, la traición podía ir vestida con la cara más inesperada.

Elian sabía que la batalla por su honor se había convertido en una guerra donde no podía confiar ni en su propia sombra.

El dilema estaba servido.

¿Amigo o enemigo? ¿Fuente o arma?

Elian cerró el puño con fuerza, la mirada fija en la pantalla. La conspiración se espesaba como la neblina nocturna.

Un nuevo acto de fuego cruzado comenzaba.

Y Él tenía que estar preparado para el golpe más letal: la mentira revelada desde adentro.