NoveliqaAscenso del Exiliado: Sistema de Poder Oculto / El Origen de la Traición :0%
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Chapter 6

El Origen de la Traición

Capítulo 6: El Origen de la Traición

El eco de la puerta metálica al cerrarse resonaba con violencia en el callejón, como un puñal que se hundía profundo en la silenciosa noche. Elian quedó estático un instante, con el pulso martillando en sus sienes y una marea de adrenalina quemándole por dentro. El hedor a humedad y aceite quemado se mezclaba con el frío cortante que se colaba por las rendijas del callejón, haciéndole erizar los pocos vellos que aún quedaban en su cráneo rapado.

Sus ojos recorrían las sombras estiradas e implacables de las paredes de neón desgastado, buscando cualquier señal, cualquier movimiento que delatara la presencia de un perseguidor invisible. Pero sólo había oscuridad, profunda y densa, que parecía engullir todo sonido salvo el eco de su propia respiración acelerada. Un súbito temblor recorrió sus dedos: no solo miedo, sino ira. Ira por cada segundo que le habían robado, por las cadenas invisibles que aún le atenazaban al exilio.

—No puedo permitirme fallar —murmuró, sus labios apretados en una línea dura mientras se apoyaba en la pared fría.

El callejón se alargaba ante él, basura apilada y graffitis oxidados cubriendo las superficies como cicatrices urbanas. Sabía que la clave para desenmarañar el enigma de su condena no estaba en las calles, sino en lo profundo de la ciudad, entre datos oscurecidos y voces que susurraban en la clandestinidad.

Con pasos calculados, se perdió en la maraña de callejones. Cada pulsación de su Sistema oculto latía sincronizada con los latidos furtivos de su corazón, como un reloj que marcaba el tiempo hasta el momento decisivo. Tenía una pista mínima: el nombre “Darius” susurrado entre antiguos hackers y mercenarios ruegos de información dudosa que se traducía en una pesada amenaza para sus entrañas.

La ciudad se desplegaba como una bestia terrible, las luces de neón proyectaban halos opresivos de colores artificiales que se filtraban a través de la bruma sintética. A lo lejos, vigilantes electrónicos pululaban con su frío zumbido, patrullando con precisión quirúrgica los sectores prohibidos. Por el momento, Elian evitó sus miradas, desapareciendo en la maraña subterránea del Mercado Nocturno.

El Mercado era un hervidero de secretos disfrazados de mercaderías banales. Entre puestos con cables, chips de memoria y vinos fermentados en cubas clandestinas, Elian se desplazó con la discreta elegancia de quien sabe que cada paso puede ser observado. Su rostro permanecía impasible, pero bajo esa máscara se ocultaba una tormenta de sospechas y recuerdos de traiciones que lo habían desterrado.

—Busco información sobre un hombre llamado Darius Corven —susurró, acercándose a un anciano con ojos de serpiente y una sonrisa cautelosa marcada por cicatrices.

El anciano ladeó la cabeza y dejó que la música opresiva del ambiente apenas perforara su voz marchita:

—Eso es jugar con fuego, muchacho. Darius no es un simple nombre; es el eco que impone miedo en las entrañas de todos. ¿Por qué buscas una sombra que no deja rastros?

Elian estudió al hombre un segundo, midiendo. —Porque necesito saber quién me traicionó y por qué.

Un silencio pesado cayó entre ambos, roto solo por el chisporroteo distante de un altavoz pirateado que emitía propaganda corporativa en bucle. Entonces el anciano se inclinó, susurrando con voz rasposa:

—Hay algo que aún pocos saben. No solo gobierna clanes o corporaciones. Darius tiene un ejército invisible, infiltrado hasta en las raíces del sistema oculto —y se detuvo, como retando a Elian a absorber el peso de esa confesión.

El corazón de Elian se apretó en una red de inquietud. La traición no era solo un golpe de oportunismo; estaba impregnada de un cálculo mucho más oscuro y complejo. Agradeció al hombre con una breve inclinación y se alejó, sabiendo que ahora debía seleccionar cuidadosamente sus aliados.

La noche avanzaba, y los ruidos de la ciudad parecían intensificarse, como presagiando tormentas o conflictos. Regresó a su refugio temporal, una antigua habitación oculta tras una fachada desmoronada, donde la luz de una única lámpara holográfica proyectaba sombras angulosas en las paredes.

Allí, entre papeles dispersos con fragmentos de códigos y fotografías borrosas de sus antiguos camaradas, encontró lo inesperado: un sobre sin remitente, con tinta negra sobre un papel áspero que parecía arrancado de algún archivo clandestino.

Con dedos que temblaban apenas, rompió el sello y desplegó la carta que contenía un mensaje garabateado con una mezcla de precisión y urgencia:

“Darius Corven no solo manipula el sistema oculto. Controla las almas que mueven los hilos, incluidas las que crees aliadas. Tu exilio no fue una acusación cualquiera: fue un tablero de ajedrez donde eres la pieza destinada a caer. Pero el enemigo mayor es más profundo y está más cerca de lo que imaginas. Ten cuidado con en quién confías. La traición no tiene un solo rostro.”

Elian dejó caer la carta, con los ojos ahora ardiendo de una mezcla de furia y revelación. El susurro de la ciudad se convirtió en un rugido ensordecedor dentro de su mente.

—Darius no solo me desterró... me está consumiendo desde las sombras —musitó, apretando los puños hasta que los nudillos se tornaron blancos.

Un golpe seco repicó en la puerta, un sonido demasiado deliberado para ser casualidad.

Elian se giró en un solo movimiento. La noche, implacable, volvía a llamarlo con garras invisibles.

El origen de su traición apenas había comenzado a mostrarse.

Y la guerra estaba a punto de estallar.