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Chapter 12

Reencuentro con Fantasmas

Capítulo 12 Reencuentro con Fantasmas

El eco sordo del cuchillo girando antes de caer aún vibraba en el aire cargado. Las luces de la ciudad, parpadeantes y erráticas, teñían el callejón en tonos irregulares de rojo y azul neón. Elian Draven respiraba con dificultad, sus pulmones explotando con cada intento de absorber oxígeno, como si el propio aliento fuera vidrio hecho pedazos en su garganta.

Sus ojos escudriñaban la penumbra, todavía adaptándose a la tormenta de emociones y adrenalina. Una gota de sudor se deslizó desde la sien y se perdió en la sombra que cubría su mejilla. En cada rincón, la metrópolis sibilaba con vida: sirenas distantes, el murmullo apagado de la guerra invisible entre clanes, y más cerca, el siseo de pasos que, a cada instante, se acercaban.

Un susurro familiar rompió el silencio crispado. No un sonido común, sino un presagio envuelto en lo más profundo del pasado.

—No esperaba verte aquí, Elian.

El nombre, pronunciado con un tono helado, se clavó en su piel como una daga invisible. Un escalofrío le recorrió la nuca.

Elian giró bruscamente, sus manos temblorosas tomando firmeza cuando descubrió la figura emergiendo de las sombras. Aquella presencia era imposible de ignorar: rostro anguloso, ojos duros como el acero, cicatrices que narraban batallas calladas. Era Lorian Vael, antaño su hermano de armas, ahora su adversario sin tregua.

—Lorian... —La palabra escapó entre dientes, cargada de incredulidad y dolor.

El aire se volvió denso, como si la realidad misma se hubiera ralentizado en ese instante. Darius Corven, con sus órdenes crueles, había convertido al pueblo más fiel en traidores invisibles, y Lorian era la prueba viviente.

Un paso adelante. Lorian desenfundó una espada de brillo metálico, su filo tan despiadado como la mirada que sostenía.

—Darius me ha abierto los ojos, Elian. Esto no es solo una pelea entre nosotros. Es la guerra por el sistema, por el poder que reclama esta ciudad calcinada —dijo, con una voz rasposa, al borde del abismo.

Elian apretó los puños. La rabia, la traición y el anhelo mezclados se sentía en cada músculo crispado. El mundo a su alrededor dejó de existir; solo quedaban ellos dos, en el epicentro del huracán.

—No puedo creer que hayas cambiado tanto —musitó Elian, mientras se disponía a la defensa.

Lorian no respondió. En un movimiento tan rápido que dejó tras de sí apenas un destello, lanzó su espada contra Elian. El choque metálico resonó como un estruendo en el callejón desierto.

El combate arrancó con una violencia contenida, los cuerpos desplazándose en perfecta sincronía desde años compartidos. Cada tajo, cada bloqueo, llevaba la carga de una historia enterrada entre nubes de humo y promesas rotas.

Elian notó la calculada precisión en los golpes de Lorian: no solo buscaba herir, sino quebrar la voluntad.

Un golpe dirigido a las costillas le hizo jadear, mientras retrocedía, sintiendo cómo el peso del pasado le aplastaba.

—¿Por qué, Lorian? —inquirió, entre jadeos, bloqueando otro ataque—. No tienes que hacerlo.

Un destello amargo cruzó los ojos sombríos de su antiguo compañero.

—¿No? ¿Y tú? ¿Qué hiciste cuando me expulsaron? ¿Cuando me dejaron morir en las zonas prohibidas? —la voz de Lorian era un veneno al borde del colapso.

Elian vaciló una fracción. La herida no era solo física, sino el peso invisible de viejas heridas abiertas.

Un rondar lento y calculador. Elian cambió de estrategia, esquivando con agilidad renovada, encontrando un hueco en la defensa de Lorian.

Pero justo cuando pudo contraatacar, Lorian susurró:

—Hay algo que debes saber... algo que nadie, ni siquiera tú, debería descubrir.

Elian congeló la sangre; la atmósfera se tensó con un brillo fulminante en los ojos de su enemigo-hermano.

—Si quieres vivir, escucha. Todo lo demás puede esperar.

El cuchillo bajó a medio vuelo, las armas se estabilizaron, pero el peligro era más intenso, más profundo que cualquier filo.

Elian se preparó para lo inesperado, consciente de que aquel secreto, pronunciado en un susurro en medio de la batalla, podía desmoronar todo cuanto creía.

Los latidos retumbaban en sus oídos, y la noche mantuvo su aliento contenida.

¿Sería capaz de afrontar la verdad que Lorian estaba a punto de revelar?