NoveliqaAmor a Plazo Contratado: El Secreto del Multimillonario / Secretos al descubierto :0%
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Chapter 7

Secretos al descubierto

El teléfono vibró con insistencia, su dedo tamborileó sobre la mesa sin que pudiera decidir si atenderlo o no. Leonardo torció la boca en una mueca fugaz, luego deslizó la mirada hacia Isabela, que aún no terminaba de recuperarse del silencio roto.

—Es un asunto urgente —dijo con voz áspera, pero sus ojos no se apartaron de ella; una lucha invisible palpitaba en esos segundos congelados.

Isabela tragó saliva, sintiendo el eco cortante del deseo mezclado con miedo. ¿Qué secretos ocultaba aquel hombre? Y más importante, ¿qué lugar ocupaba ella en ese tumulto?

De repente, mientras Leonardo se levantaba para tomar el teléfono en la otra habitación, un resplandor metálico en el suelo cerca de su escritorio captó la atención de Isabela. Una carpeta negra, medio oculta detrás de un mueble antiguo, sobresalía apenas unos centímetros.

Un impulso irrefrenable la empujó a levantarse. Cada paso que daba hacia aquel rincón resonaba con un latido acelerado en su pecho, como si el tiempo se hubiera espesado en la penumbra del estudio.

Al juntar sus dedos para alcanzar la carpeta, una brisa fresca pareció colarse por una rendija, haciendo susurrar las cortinas. Sintió la piel erizada, como si las paredes mismas vigilasen sus movimientos.

Abrir la carpeta fue un acto de traición y redención a la vez. Documentos, fotos y cartas se desplegaron ante ella, lúgubre evidencia que podría cambiarlo todo.

Los papeles mostraban números, fechas, firmas que no debería reconocer. El nombre de su padre estampado en contratos rotos y notas de reuniones clandestinas. Una captura de pantalla con mensajes amenazantes, un email con órdenes veladas y cuentas que no cuadraban.

Pero lo que retumbó en sus venas fue un informe confidencial:

“Proyecto Alpha — Fase de ejecución — Operación caída financiera — Resultado exitoso.”

El remitente era anónimo, pero el destinatario llevaba el sello de la empresa Ríos Corporation.

—¿Leonardo...? —murmuró, la voz apenas un hilo quebrado.

Sus ojos se clavaron en una hoja donde figuraba su nombre, ligada a un movimiento financiero que destrozó el imperio Montenegro.

Un golpe seco en la puerta la sobresaltó. Instintivamente guardó la carpeta bajo el brazo, ocultándola en el pliegue de su chaqueta.

Leonardo entró con el teléfono aún en la mano, sus cejas fruncidas como si intuyera la tormenta en la habitación.

—¿Todo bien? —preguntó con demasiada rapidez.

Isabela sostuvo la mirada, midiendo cada palabra, cada gesto.

—Encontré esto —dijo al fin—. No entiendo cómo tu nombre está en estos documentos. ¿Qué significa todo esto?

El silencio se hizo denso. Leonardo guardó el teléfono en el bolsillo y caminó hacia la ventana, como si necesitara recomponerse en la luz mortecina de la ciudad que se extendía abajo.

—Hay cosas que no sabes, Isabela. Cosas que nadie afuera comprendería. No soy el enemigo que crees.

Sus palabras tenían la sinceridad de alguien que carga una pesada culpa, pero también la dureza de un blindaje impenetrable.

—¿Entonces quién destruyó a mi familia?

Leonardo no respondió. En lugar de eso, se volvió hacia ella y por primera vez sus ojos no ocultaban nada. La vulnerabilidad se mezclaba con el peso de un secreto que podría quebrarlo todo.

—Eso, Isabela, es algo más grande que nosotros. Un juego de piezas que ni siquiera yo controlo por completo.

El misterio pendía en el aire, quebrando la frágil tregua entre ambos. Sus miradas se cruzaron, buscando una verdad que podría salvarlos o condenarlos para siempre.

Entonces, un sonido inesperado rompió el momento: un mensaje entrante en el teléfono de Leonardo, con un remitente desconocido.

Isabela vio la pantalla y sintió que su corazón se detuvo.

Era un nombre que no debía aparecer jamás.

¿Leonardo fue realmente responsable… o solo una víctima más en un plan mayor?