NoveliqaAlianza en Silencio: Contrato con el Millonario / Sombras del pasado :0%
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Chapter 4

Sombras del pasado

El aire en aquel despacho se había vuelto denso y casi irrespirable, como si la noche misma se aferrara a la piel de Leonardo con dedos invisibles. Sus ojos, aun brillando con el encuentro reciente, se clavaban contra el reflejo oscuro del ventanal que daba hacia la ciudad iluminada. La respiración le pesaba, no solo por las emociones abiertas, sino por un recuerdo punzante que afloraba sin pedir permiso.

Mientras su mano tocaba ligeramente el borde de la mesa de caoba pulida, una corriente fría subió por su brazo, como un eco imposible de apartar. La mente se retraía, arrastrándolo hacia un instante marcado a fuego.

*

El salón de juntas estaba saturado de hombres y mujeres en trajes impecables, paladeando la tensión como un banquete. Leonardo, cinco años más joven, sostenía un dossier crucial entre las manos. Aquel día, pensó que todo estaba bajo control. Pero las palabras que escuchó doblaron el mundo en un ángulo agudo.

«No podemos confiar en todos, Leonardo. La lealtad no se compra ni se vende, se demuestra. Y ella...»

La voz era fría, venenosa. Leonardo sintió que sus propios colegas se transformaban en traidores disfrazados. El golpe vino en forma de documentación filtrada, decisiones tomadas a sus espaldas. Lo que creía un imperio sólido era una torre erigida sobre arenas movedizas.

Su corazón se apretó con la imagen del gesto frío de aquella mujer que lo había traicionado: su socia más cercana, la piedra angular de su confianza, sonriendo con una sinceridad que él comenzó a dudar incluso en la memoria.

*

Volvió al presente con un jadeo suave, los dedos apretando la superficie del escritorio. Nadie en esa sala nueva, ni siquiera Isabela, podía saber lo que latía bajo esa fachada calculadora.

—Señor Rivas —la voz de su asistente interrumpió la tormenta—. La junta está lista para comenzar. Todos esperan su entrada.

Leonardo asintió sin mirarla, recogiendo la máscara de certeza que siempre le acompañaba. Se enderezó y, antes de salir, su mirada se posó en la tenue sombra que proyectaba la lámpara sobre la pared.

Quizá, esa sombra no era solo la suya.

*

En la sala de juntas, el aire estaba cargado del aroma a café recién hecho y un leve rastro a madera y cuero. Los grandes ventanales mostraban la ciudad extendiéndose bajo un manto de luces titilantes, una red inabarcable de oportunidades y amenazas.

Leonardo tomó asiento en la cabecera, sus dedos tamborileando sutilmente en la mesa, marcando un ritmo que solo él conocía.

—Gracias por venir con tan poca antelación —comenzó, con el tono firme—. La competencia no espera, y nosotros tampoco podemos darnos el lujo de quedarnos atrás.

Las miradas recorrieron la sala con intensidad. Algunos asentían; otros escondían reservas detrás de sonrisas tensas.

—Hemos identificado un movimiento inesperado por parte de Salazar Group —continuó—. Están reforzando sus alianzas, y es probable que intenten una jugada agresiva en el próximo trimestre.

Una risa nerviosa escapó de uno de los directores.

—¿De nuevo Salazar? Creí que estábamos en un punto muerto.

—Error —replicó Leonardo—. Ellos juegan a otro nivel. No subestimemos la amenaza.

Una petición de documentos se pidió, gráficos y porcentajes llenaron la pantalla. Pero para Leonardo, la atención ya se dispersaba. La imagen de aquella traición lo reclamaba en cada sombra que veía fuera del cristal.

Las voces se convirtieron en un murmullo apagado, disipado por el estruendo de recuerdos no resueltos.

*

Tras la reunión, Leonardo salió apresurado hacia el ascensor. La luz fría del pasillo lo recibió sin piedad, como un espejo que no perdona. Con un movimiento automático, sacó el celular del bolsillo y lo apretó contra su oreja; el pulso le latía en las venas, contenido, pero firme.

—¿Así que piensas que puedes jugar conmigo y no pagar el precio? —la voz del otro lado, un susurro áspero, rompió la calma en un suspiro cargado de amenaza.

Leonardo frunció el ceño y apretó los labios, contando mentalmente hasta diez antes de responder.

—No se puede negociar con fantasmas —respondió en tono helado—. ¿Quién está detrás de esto?

Solo hubo silencio, un latido demasiado largo, y luego una advertencia:

—Tu imperio no es invencible, Leonardo. Y menos cuando olvidas de dónde vienes.

Antes de que pudiera replicar, una llamada terminó. El dispositivo cayó en sus manos con un clic seco, el eco de aquella voz distorsionada aún vibrando en el aire.

El mundo que había construido comenzaba a tambalearse, y él lo sabía. Sin embargo, la verdad más oscura permanecía invisible, aguardando en las sombras que ni siquiera el poder podía encubrir.

En ese instante, la puerta trasera del despacho se abrió apenas, y una figura observó de lejos. Nadie, ni siquiera Leonardo, se daba cuenta de que la guerra silenciosa que se desataba también tenía otros jugadores… y ellos estaban a solo un movimiento de distancia.

El reloj marcó la hora. La cuenta atrás por el imperio había comenzado sin que Leonardo hubiera notado la primera grieta en la fachada de su reinado.