第{{num}}話 1
El reloj de pared marcaba las cinco de la tarde con un tic-tac seco que parecía retumbar en el amplio despacho. Las paredes, decoradas con fotografías de paisajes otoñales y diplomas enmarcados, carecían de vida, pero Isabela Montenegro se sentía atrapada como si estuviera en un mausoleo sin salida. Frente a ella, Leonardo Ríos, impecablemente vestido con un traje oscuro que acentuaba la rigidez de su porte, yacía reclinado en el sillón de cuero, con los dedos entrelazados justo frente a su rostro.
—¿Así que esa es la condición? —murmuró Isabela, su voz temblorosa apenas cubría la tormenta que le golpeaba el pecho.
Leonardo asintió con la cabeza, sin apartar la mirada. —Mi familia está cansada de escándalos y pérdidas. Necesito certeza, Isabela. Y un matrimonio por contrato es la única forma de proteger lo que queda.
El aire se volvió más denso, cargado de una tensión que parecía absorber la luz del atardecer que entraba por la ventana. Isabela apretó los puños bajo la mesa, sintiendo cómo el nudo en su garganta se hacía más fuerte. Sus labios temblaron, pero la determinación brilló en sus ojos—una mezcla peligrosa de desafío y desesperación.
—No puedo... no puedo prometer algo así. No si todo es un juego de ajedrez para ti.
Leonardo se levantó, sus pasos resonaron contra el mármol mientras se acercaba. El brillo acerado de su mirada la atravesaba con la misma fuerza que una daga. —Es mucho más que un simple juego, Isabela. Esto es sobrevivir. Y si quieres que tu familia siga en pie, deberás firmar.
La tentación de huir quemaba en su piel, pero también había otra cosa que la mantenía anclada: la foto que llevaba pegada en su cartera, un retrato familiar manchado por el escándalo y la ruina. Su sangre—su futuro—dependía de esa firma. Y aunque cada fibra de su ser gritaba en contra, levantó la mirada, enfrentando el peligro sin vacilar.
—De acuerdo. Firmaré —dijo, la voz firme pero con un eco de resignación.
Leonardo extendió el contrato sobre la mesa. Sus manos seguían siendo seguras, calculadoras, pero había una sombra fugaz de algo humano detrás de su máscara. Isabela tomó la pluma, notando cómo la tinta negra parecía absorber la luz antes de rozar el papel.
Mientras firmaba, el corazón le latía con fuerza, como si supiera del sacrificio aún por descubrir. Al levantar la vista, Leonardo deslizó hacia ella un sobre cerrado, frío como el acero.
—Este es el verdadero precio, Isabela. No es solo el matrimonio. Lee y sabrás por qué aceptaste este pacto sin amor.
Con las manos temblorosas, rompió el sello. Las palabras dentro eran mucho más duras, más oscuras, que cualquier cláusula legal.
Un silencio absoluto cayó sobre la habitación cuando comprendió.
El verdadero precio no era eso. Era algo que no había contemplado. Algo o alguien que estaba a punto de arruinar todo.
Su respiración se cortó cuando la puerta del despacho se cerró tras un profundo golpe seco que resonó como el presagio de una tormenta.
Y entonces supo que nada volvería a ser igual.