Capítulo 1
Capítulo 1 Traición a la Vista
El reloj de pared marcaba las tres y veintitrés de la madrugada cuando Valeria Santoro emergió de las sombras que envolvían el vestíbulo de la antigua mansión familiar. Sus pasos eran casi imperceptibles sobre el mármol frío, pero cada uno resonaba como un golpe contra las cicatrices de un pasado que todavía sangraba.
La opulencia decadente de la casa no escondía la tensión que la consumía. En cada cuadro colgado, en cada pieza de porcelana emporcada por el polvo, se escondía un fragmento de su historia: años de confianza rota, de promesas traicionadas y de traición en carne viva.
Valeria apoyó la espalda contra la enorme puerta de roble que separaba el vestíbulo del despacho principal. Sus dedos se crispaban en el borde de la chaqueta oscura, revelando un temblor que no se permitía. La luz tenue de una lámpara alejaba la oscuridad solo parcialmente; los recovecos de aquel lugar parecían susurrarle secretos que aún no estaba lista para enfrentar.
Un leve sonido, casi imperceptible, la obligó a levantar la cabeza. El crujir de una hoja al ser manipulada, un murmullo suave entrelazado con palabras a media voz. Valeria respiró hondo, el aroma ácido del café frío proveniente de la mesa cercana, mezclado con el olor a papel viejo y a alcohol barato, le resultaban familiares y a la vez insoportables.
Con la cautela de quien ha aprendido a temer incluso a su propia sombra, deslizó la mano por la pared hasta llegar al interruptor. La bombilla parpadeó un instante y finalmente iluminó el estrecho pasillo que llevaba al despacho de su hermano.
La puerta estaba entreabierta, una rendija de luz escapando como un torrente naranja. Delante, Leonardo Santoro se inclinaba sobre una mesa, una nube de humo azul de un cigarrillo suspendiéndose en el aire denso. Las arrugas prematuras, la sombra oscura bajo sus ojos y esa sonrisa torcida que sólo la traición podía esculpir lo delataban sin necesidad de palabras.
“¿Crees que no sabía que volverías?”, la voz de Leonardo rasgó el silencio como un filo metálico.
Valeria apretó los dientes, sintiendo cómo el frío se le filtraba bajo la piel. No era miedo lo que la dominaba, sino una mezcla suculenta de rabia y determinación venenosa.
“Pensé que te habías olvidado de mí, hermanito”, replicó, con una sonrisa amarga que no alcanzaba a sus ojos. “Pero aquí estás, conspirando en las sombras, como siempre.”
Leonardo alzó la vista, sus ojos oscuros brillando con una fría malicia. Sobre la mesa, varios documentos esparcidos mostraban logos y firmas: contratos que podían destruir a Valeria si caían en las manos equivocadas. Una serie de movimientos calculados para vaciar su poder, para hacerla desaparecer sin dejar rastro.
“¿Vas a llorar ahora o vas a unirte a la fiesta?”
Valeria dio un paso adelante, el crujido de las baldosas bajo su peso como un retumbar en la madrugada. Sabía que mirar a los ojos a Leonardo era enfrentarse a un demonio que había aprendido a dominar el arte del disfraz, de la mentira y la traición.
“Nunca me uniré a un traidor”, afirmó con voz firme, pero sus dedos se cerraron en puños al notar el temblor que recorría su mano derecha.
Se agachó y tomó uno de los papeles, un informe financiero repleto de cifras manipuladas y transferencias sospechosas. Su corazón latía con la furia de un secreto revelado, algo mucho más profundo que un simple golpe empresarial.
“Esto no es solo un juego”, murmuró, sus ojos recorriendo las páginas llenas de sombra. “Están preparando el terreno para algo más grande…”
Leonardo se acercó, el cigarrillo tambaleándose en su dedo índice. “¿Y tú qué harás cuando descubran que tienes un as bajo la manga? ¿Que guardas secretos que ni siquiera tu padre sabía?”
La mención de su padre hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. Había secretos enterrados en aquella familia como cadáveres escondidos bajo alfombras de lujos y sonrisas fingidas. Valeria sabía que para recuperar lo que era suyo, tendría que desenterrar esas verdades, aunque la destruyeran en el proceso.
Un golpe seco resonó en la entrada principal. Los dos hermanos se giraron al unísono.
Valeria contuvo el aliento. Su mirada se clavó en la sombra que se movía al otro lado del pasillo, justo cuando la puerta principal crujió lentamente.
“¿Quién está realmente detrás del complot contra ti?”, susurró Leonardo con una sonrisa que no alcanzaba a ocultar la tensión.
Pero ni él ni Valeria esperaban que la respuesta estuviera más cerca de lo que imaginaban.
Un susurro frío irrumpió en el aire cargado de traición, y el juego apenas comenzaba.