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Grandes historias, capítulo a capítulo.

NoveliqaEntre Lobos y Destinos Sellados / El Alfa y la Sombra :0%
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Capítulo 1

El Alfa y la Sombra

Capítulo 1: El Alfa y la Sombra

La niebla se enroscaba entre las ramas retorcidas de la selva ancestral, un monstruo de humo frío que arrancaba la luz y la esperanza, dejando apenas el latido sordo de la tierra bajo los pies de Kieran Thorne. Su aliento salía en cortos nubarrones, mezclándose con el olor terroso de hojas mojadas y la humedad pegajosa que colgaba del aire. La manada estaba reunida en círculo, cada lobo y humano mirándolo con reverencia contenida, pero detrás de sus ojos había una duda, un miedo que ni la bruma lograba ocultar.

—No hay lugar para la debilidad en esta manada —dijo Kieran, su voz profunda acariciando la espesura del bosque como un trueno contenido—. Nadie nos desafiará y saldrá vivo.

Sus ojos —dos abismos de acero brillante— rastrearon los rostros, buscando la verdad entre la multitud. Nadie osó contradecirlo. Nadie, excepto un murmullo distante, apenas audible entre el crujir de las hojas.

Kieran se dio la vuelta bruscamente, la mano extendida hacia el lado de donde provenía el sonido. Pero ya no quedaba nada más que el susurro del viento y una sombra que se deslizaba desaparecida.

Su mandíbula se tensó, el ecosistema de su mente agudizándose para leer la amenaza que acechaba invisible bajo el manto del amanecer. Rael.

A lo lejos, una figura recortada contra la bruma se apoyaba contra un árbol viejo, sus ojos perforaban el territorio como cuchillas. Rael Thorne respiraba con calma, un eco de nombre maldito para Kieran que pesaba en el pecho como una losa. Su ambición, venenosa y constante, había matado más que lealtades: estaba a punto de destruir el vínculo más sagrado de todo.

—Escucha bien —murmuró Kieran sin apartar la vista de la frontera de la manada—. No dejaré que un traidor pudra lo que construimos con sangre y sufrimiento.

Las palabras brotaron ásperas, llenas de la furia contenida de quien carga años de sombras en el alma. No era solo una amenaza para un hermano convertido en enemigo; era el despertar de un Alfa con un pasado oscuro, un hombre que juraba proteger a su manada aunque el costo fuera perderse a sí mismo.

Los lobos que lo rodeaban gruñeron en respuesta, un rugido silencioso que fortalecía el trono invisible del líder. Kieran dio un paso adelante, deslizando la mano hacia el colmillo tallado que colgaba de su cuello, símbolo de un pacto de sangre firmado con fuego y destino.

Del otro lado, Rael siguió observando, imperturbable.

—Un día, hermano —susurró Rael con una sonrisa fría, tan blanca como la neblina—, todo caerá en mis manos.

Pero la selva no respondió. Solo la niebla, espesa y siniestra, que se tragaba los ecos y sellaba la sentencia de un destino aún por escribirse.

Y allí, en la oscuridad oculta entre árboles milenarios, se planeaba la primera jugada de una guerra que haría temblar los cimientos de todo lo conocido.

Kieran inhaló profundamente, consciente de que la sombra de aquel nombre ensombrecería su reinado mucho más de lo que podía imaginar.

Mientras tanto, Rael desapareció entre la maleza, sus ojos cargados de rencor y fertilidad para la traición, listo para desencadenar el caos.

El duelo entre hermanos había comenzado. Y en la selva eternamente velada por la niebla, solo uno escribiría su destino.

Un crujido seco resonó detrás de Rael.

Algo, o alguien, estaba allí.

Él se volvió lentamente.

Una silueta emergió de la bruma.

Un rostro que él no esperaba ver.

Sus labios se curvaron en una sonrisa cruel, pero por dentro, algo tembló con fuerza.

El juego apenas comenzaba.