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Grandes historias, capítulo a capítulo.

NoveliqaContrato de Pasiones: Un Amor con Fecha de Caducidad / Un Acuerdo Necesario :0%
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Capítulo 1

Un Acuerdo Necesario

Las luces de neón titilaban desde los rascacielos, convirtiendo la ciudad en un mosaico vibrante de destellos azules y naranjas. Isabela Mendoza caminaba por la Oficina central de Mendoza Design Studio, sus tacones resonando contra el mármol frío, un contraste cruel con la opulencia que la rodeaba.

El silencio sólo se interrumpía por el murmullo distante de las calles, una calma engañosa para la tormenta que se gestaba. Su mirada se posó en los planos extendidos sobre la mesa; líneas y formas que representaban mucho más que simples diseños: eran la promesa de su futuro, frágil y al borde del colapso.

“Se acaban los meses para pagar la deuda, Lena,” dijo una voz grave desde la esquina. Leonardo Vargas—su salvador involuntario—apareció entre las sombras, con la postura imponente que dejaba claro que su poder no era sólo económico, sino absoluto.

Isabela sintió que el estómago se le encogía. La presencia de Leonardo era un recordatorio viviente de su realidad: sin ayuda, su estudio se hundiría, llevándose consigo años de trabajo y esperanza.

"Lo sé," respondió ella, manteniendo la voz firme aunque la ansiedad trataba de desbordarla. "He considerado todas las opciones." Su mano tembló levemente mientras apartaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

Leonardo la observó, sus ojos profundos trazando un mapa invisible de control y amenaza. "Entonces, aceptemos el acuerdo," dijo con un tono que no permitía repreguntas.

Isabela tragó saliva, consciente del peso de esas palabras. Un matrimonio contractual con él no era solo una transacción económica; sus vidas, sus secretos y sus límites se entrelazarían de manera irrevocable.

"¿Sin preguntas?" insistió Leonardo, una sonrisa curva rompiendo la tensión con un dejo de arrogancia.

Isabela levantó la mirada, fijando sus ojos en los de él con una determinación helada. "Sin preguntas."

Pero mientras firmaba el contrato, un frío oscuro atravesó su espalda, recordándole el secreto que guardaba con uñas y dientes — un secreto que, si salía a la luz, no solo destruiría su carrera, sino que amenazaría con arruinar todo lo que ahora pretendía salvar.

El papel crujió bajo los dedos mientras estampaba su firma. Afuera, el viento golpeó con fuerza las ventanas, como un presagio sutil de la tormenta que apenas comenzaba.

Un sonido seco detrás de la puerta fue lo último que escuchó antes de que todo cambiara para siempre.