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NoveliqaRecuerdos Sombríos: El Eco del Olvido / Despertar Sin Nombre :0%
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Kapitel 1

Despertar Sin Nombre

Capítulo 1: Despertar Sin Nombre

El zumbido monótono de los tubos de oxígeno rompía el silencio casi palpable de la habitación. Lucas abrió los ojos con un parpadeo torpe, como si despertara en una realidad hecha jirones. La luz blanca del hospital le cegó momentáneamente; una luminiscencia fría y sin alma que se colaba desde el techo, reflejándose en las paredes impolutas y en el rostro ajado de la enfermera que vigilaba a su lado.

No había memoria que lo recibiera.

Un vacío crudo se instaló en su mente, como si lo hubieran arrancado del tiempo. Intentó incorporarse, pero el cuerpo le obedecía con lentitud, el cuello y los músculos le ardían sin razón aparente.

–¿Sabe dónde está? –preguntó la enfermera, con una mezcla de dulzura y precaución, apenas moviendo los labios.

Lucas parpadeó, mareado. Buscó en su mente un nombre, un rostro, un lugar, cualquier cosa que tuviera sentido, y solo halló silencio.

–No... no lo sé –susurró, la voz áspera, como un tronco seco que rechina.

Entonces, una sombra de inquietud cruzó sus ojos. Su mano temblorosa intentó estirarse hacia la mesa junto a la cama, donde sobresalía medio doblada una hoja de papel amarillento. La tensión le apiñaba el pecho como una mano invisible. ¿Quién habría dejado eso ahí? ¿Y qué querría decir?

Con el pulso acelerado, tomó la nota y desplegó el papel con cuidado, la letra escrita con tinta negra era temblorosa, pero clara:

"No confíes en nadie."

Un estremecimiento recorrió su columna vertebral, levantando todos los pelos de su nuca.

La puerta chirrió. Una figura masculina apareció entre la penumbra del pasillo. Era un hombre alto, con traje oscuro impecable y mirada penetrante, tan afilada que parecía cortar el aire.

Lucas sintió como si la habitación se enfriara en un segundo.

El hombre se acercó lento, sus pasos resonando en el suelo pulido, creando una cadencia opresiva.

–Lucas Méndez –dijo en voz baja, pronunciando el nombre como si tuviera un significado reservado solo para él.

Lucas parpadeó confundido. ¿Cómo sabía su nombre? ¿Quién era este hombre?

–¿Quién... quién es usted? –preguntó, tratando de alzar la voz sin éxito.

El hombre no respondió, solo escudriñó sus ojos, buscando alguna señal, un recuerdo que jamás llegaría.

–Está herido –continuó el hombre finalmente—. Hay cosas que debe recordar... y otras que debe olvidar.

El brillo en sus ojos era oscuro, cargado de promesas y amenazas entrelazadas. Lucas tragó saliva, notando cómo un sudor frío le recorría la espalda.

–¿Qué quiere de mí? –logró decir, la desesperación estallando en su pecho como un tambor acelerado.

El hombre ladeó levemente la cabeza, como disfrutando cada segundo del desconcierto que provocaba.

–Eso… es lo que descubrirás. Pero no olvides la advertencia –dijo señalando la nota en su mano—. No confíes en nadie.

Antes de que Lucas pudiera reaccionar, la enfermera volvió a entrar, interrumpiendo la tensión.

–¿Se siente bien, señor Méndez? –preguntó, con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos.

El hombre del traje desapareció entre las sombras del pasillo, dejándolo solo con aquella frase vibrando en su mente.

Lucas volvió a mirar la nota, sus manos temblorosas. ¿Quién la había escrito? ¿Y cómo alguien podía conocerlo si él mismo estaba perdido?

El eco de aquellas palabras se clavó en su alma como un filo invisible.

"No confíes en nadie."

El reloj marcó las tres de la madrugada y, en la penumbra de esa habitación aséptica, un nombre perdido comenzó su descenso en el abismo del olvido, sin saber que su búsqueda lo llevaría a descubrir secretos que harían temblar a toda la ciudad.

Pero… ¿qué secretos?

Y sobre todo, ¿quién había puesto esa nota en sus manos?

Unos pasos rápidos y un susurro ahogado resonaron al otro lado de la puerta.

Lucas apretó la hoja con tanta fuerza que la tinta empezó a traspasar el papel.

La verdad lo llamaba.

Y en ese instante, todo comenzó a derrumbarse.