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NoveliqaJuramento Inquebrantable: El Pacto que Rompió Historias / El Juramento Querompe Destinos :0%
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Kapitel 1

El Juramento Querompe Destinos

Capítulo 1: El Juramento Que Rompe Destinos

Las sombras ya envolvían la ciudad cuando Valeria Santoro cruzó el umbral de la antigua capilla familiar —un santuario cubierto de enredaderas y polvo, donde el aire olía a incienso rancio y madera quemada—. El silencio era casi absoluto, roto solo por el eco sordo que dejaban sus pasos firmes sobre el mármol envejecido.

Sus dedos temblorosos —aunque apenas perceptible— rozaron el borde del altar. Allí reposaba la daga ceremonial, incrustada en una piedra oscura manchada por el tiempo y, minutos antes, por sangre. La hoja reflejaba la lámpara oscilante en la penumbra, y una gota roja descendía lenta por el filo, goteando sobre el mármol con un sonido húmedo y crispante.

—Te juro, hermano —murmuró Valeria con voz queda pero afilada, mientras sus ojos se humedecían sin lágrimas—. Juro ante esta daga, ante los Santos y ante la memoria de papá y mamá, que vengaré tu muerte. Que haré que Dante Montalvo pague por lo que nos arrebató.

Su aliento se volvió visible por un instante, sintiendo el frío calar hasta los huesos. La capilla era un refugio de solemnidad, la fortaleza de generaciones encadenadas por secretos.

Un suspiro escapó del fondo de su garganta, encadenado a la desesperación que hacía vibrar sus manos. La imagen de Marcos —su hermano mayor, el heredero que amaneció muerto en la planta alta de la mansión— se impuso en su mente. No hubo alarma, solo un silencio que helaba la sangre, y la versión que le dieron: "accidente".

“Accidente”.

Valeria nunca creyó esa palabra.

Cada cicatriz en su alma le reclamaba justicia, pero sabía que las palabras se las lleva el viento. Por eso la daga tomaría su juramento: un pacto de sangre, inquebrantable, que cerraría el círculo y abriría la guerra silenciosa contra Dante.

Recordó las reuniones clandestinas en las alcobas de su infancia, las miradas de los guardianes, los susurros entre susurros de un mundo que se negaba a morir. La línea entre familia y enemigo se había difuminado hacía tiempo, pero la llama del juramento aún ardía con fuerza.

Entonces, con la daga en mano, Valeria apretó el puño y dejó que la punta se clavara levemente en su palma derecha. El dolor se mezcló con la determinación mientras una gota de sangre bajaba por su muñeca para caer sobre la piedra.

—Por ti, Marcos —prometió, con la voz quebrada y firme—. No descansaré hasta que tu nombre sea limpiado del polvo de la mentira.

Un frío viento —como un susurro vengativo— atravesó la capilla e hizo vibrar las ventanas rotas, esparciendo un haz de luz negra que iluminó por un instante el rostro de Valeria, empapado en sombras.

Fue entonces cuando su móvil, olvidado en uno de los bancos, vibró insistentemente. Una notificación emergió en la pantalla: un mensaje anónimo.

Con dedos temblorosos y corazón acelerado, abrió el texto.

“Tu hermano no murió por accidente. La verdad está más cerca de lo que imaginas. Investiga la última noche. Dante no es quien dice ser.”

El aire pareció congelarse.

Valeria apretó los dientes y miró hacia la entrada de la capilla, como si esperara que alguien apareciera entre las sombras que, hasta ese momento, sólo escuchaban su promesa.

El juramento no solo la unía al pasado. Era la llave a un destino oscuro que apenas comenzaba a dibujarse.

Entre las paredes ancestrales y el incienso que se consumía lentamente, la guerra invisible de las familias había empezado de nuevo.

Y esta vez, nada sería igual.