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NoveliqaEcos en la Niebla: La Verdad Olvidada / Despertar en la Niebla :0%
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Kapitel 1

Despertar en la Niebla

Capítulo 1 Despertar en la Niebla

El olor a hospital era un golpe frío, cortante, que ella no sabía cómo había olvidado. La luz blanca y parpadeante del fluorescente iluminaba el techo agrietado, fragmentando sus pensamientos como espejos rotos sobre su piel pálida y sudorosa.

Lucía abrió los ojos con un espasmo. Desorientación inmediata: el silencio interrumpido solo por el zumbido constante de máquinas respirando a su lado. Cada respiración era un recordatorio incómodo de fragilidad y abandono.

Sus dedos temblorosos intentaron alcanzar la esquina de la cama, palpando la superficie áspera de la sábana. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando buscó en la maraña de su mente un nombre, un rostro, un lugar. Pero la neblina era densa, impenetrable.

Los recuerdos, si es que alguna vez existieron, se escapaban entre sus dedos como humo. Vio, fugaz, el destello de un rostro ensombrecido, una voz que susurraba en la oscuridad. ¿Amenaza, súplica o advertencia? No podía decirlo.

Un zumbido inquietante comenzó en sus oídos, como un eco distante, vibrando entre el constante pitido del monitor cardíaco. Cerró los ojos, intentando en vano aferrarse a cualquier imagen, un fragmento que le devolviera su sentido.

—¿Dónde estoy? —murmuró, su voz quebrada y ajena.

La puerta a su lado se abrió con un chirrido casi inaudible. La respiración de Lucía se aceleró; su cuerpo se tensó, intentando descubrir si era amenaza o salvación.

Un hombre entró. Alto, con los hombros rectos bajo un abrigo oscuro. La luz trazaba la línea de sus labios apretados y unos ojos que irradiaban un poder frío, implacable.

Se detuvo junto a la cama, sin hacer ruido.

—Lucía —dijo con voz grave que resonó en la habitación como un eco metálico—. ¿Me reconoces?

Ella abrió la boca, pero ningún nombre apareció. La palabra "Lucía" seguía siendo un enigma, una etiqueta vacía. Su corazón golpeó feroz— ni miedo ni alivio, solo una desconcertante nada.

Las sombras de su mente se agitaron de nuevo, llenas de vacíos punzantes que dolían más que cualquier herida física.

El hombre se inclinó ligeramente, su presencia envolviendo la habitación como una tela pesada y húmeda.

—Necesito que recuerdes—murmuró, y sus ojos brillaron con un fuego que albergaba secretos demasiado oscuros para pronunciar.

Ella respiró con dificultad, atrapada en ese instante suspendido, una frontera invisible entre lo que fue y lo que no podía recordar.

La niebla afuera se colaba por la ventana, filtrándose en el cuarto, difuminando la línea entre la realidad y el olvido.

Lucía quería gritar, preguntar, huir o simplemente despertar de aquella pesadilla. Pero solo pudo quedarse quieta, con el peso de un nombre que no le decía nada y un hombre que parecía saber demasiado.

La batalla por su memoria apenas comenzaba. Y la niebla ya había enterrado la primera de muchas verdades olvidadas.